Las palabras obscenas entre las azucenas - Editorial
Me digo -con humor (Sentido de humor y perfeccionismo)- que últimamente estoy
tocando temas algo desenfrenados, y siempre referidos a lo sexual (Crítica a la
moral sexual autoritaria).
Yo, tan seriecita desde joven (Identidad juvenil), ¿seré confundida con una
pornógrafa?
Mis entradas, ¿serán buscadas con frenesí en Internet, como se buscan las
“malolientes” páginas de pornografía? (Consideraciones de carácter ético y
moral en el desarrollo de Internet)
Bueno, no me contesten, ya sé que no. Era sólo una broma (Más allá y más acá
del Feminismo) para celebrar la erotización de mis últimos escritos (La
transmutación de la escritura).
¿Y por qué no agasajar a Eros, a Eros que está vivo todavía, y no al doliente
Tánatos? (La muerte en la historia)
El cuento (El cuento y sus características) que transcribo para ustedes es
inédito pero fue escrito ya hace unos años. Pretende ser el extracto del diario
de una mujercita muy libre y singular, castigada por estas dos hermosas virtudes
al punto de ser internada en un colegio de monjas.
En mis tiempos -y en la Argentina- se llamaban “pupilas” las niñas que vivían
en colegios privados lejos de su familia, y hasta a veces muy lejos, en otros
países.
Niñas ricas de tintes melancólicos, blancos en Suiza, por ejemplo (Suiza).
Gracias a Dios, fui de escasas posesiones durante toda mi vida.
Las palabras obscenas entre las azucenas
(del diario de una adolescente de hace 40 años)
1970
Sé que soy un prodigio. Yo pronuncio terribles blasfemias o las peores malas
palabras y tienen un valor. Yo digo la palabra azucena y tiene otro. Si mezclo
las palabras tienen otro valor, ninguna es despreciable.
Yo puedo ir más allá. Sé que soy un prodigio, dije, y no dije de qué: de
obscenidad. Nadie sabe que en su oscuro cuartito se ocultan los tesoros, las
joyas, los rubíes, las perlas.
Un rubí era cuando yo me tocaba, sola en mi cuarto. Si no estaba sola era
mucho mejor, era un diamante. Un muchacho me hundía, me atravesaba con su
miembro. Y digo miembro pero conozco todas las palabras obscenas en todos los
idiomas obscenos, y es por eso, ¿por eso?, que yo estoy encerrada.
Estoy pupila, pero más que pupila. Estricta vigilancia.
Una monja pasa y me mira mientras voy escribiendo.
Me vigila.
Sabe a qué puedo llegar -yo no lo sé muy bien.
La monja tiene miedo de que yo sea demasiado inteligente, me mira como si
fuera una estrella negra, en realidad me admira. No me puede dejar de mirar.
Esto va más allá de “estricta vigilancia”.
Siente curiosidad, quiere mirarme el alma, y mi alma es preciosa.
Es redonda y preciosa, perfecta como un círculo, aunque junte tinieblas, como
el ombligo junta mugre. “Juntatinieblas”, ese nombre le puse.
¿De un ramo de flores blancas no caen abismos?, abismos que me gustan, siempre
que leo un libro y dice abismos yo dejo el libro y me pongo a pensar en los
abismos. Busqué en el diccionario -ya sabía el significado, pero quería la
definición exacta- y decía profundidad muy grande, infierno, cosa inmensa,
incomprensible.
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Editorial: "Las palabras obscenas entre las azucenas")
Por Mora Torres.
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