| La divina primera persona - Newsletter #375 |
La divina primera persona - Editorial
Yo, tú, él, nosotros…; me enseñaron a conjugar los verbos en las personas
correspondientes apenas empecé la escuela primaria (Escuela y cultura: una
relación conflictiva).
De a poco comprendí que “Yo” es una construcción tan artificial como toda la
gramática, como las represas, los puentes y las catedrales, como Internet (Análisis de la edificación y de su evolución actual).
Hoy me puse a pensar en otras construcciones más sutiles derivadas de “Yo”,
como, por ejemplo, las figuras de baile (Propuesta de un programa de actividades
físicas y coreográficas regulares que contribuyan a mejorar la calidad de vida
del adulto mayor).
La divina Isadora: no danzar, no bailar, sino elevarse
Ella, Isadora Duncan, dijo que había empezado a bailar en el vientre de su
madre, que había testigos de esa increíble danza, manos que rozaron los pies más
pequeños del mundo cuando éstos llevaban el compás de la música dentro de una
cálida cueva, de un asilo de carne temporario (Ponencia sobre la danza del
vientre).
Que el médico, el obstetra de su madre, le indicó a la embarazada, para ritmar
con esos pasos incipientes de ballet, una dieta que consistía sólo en champán y
ostras (El pisco. Producto peruano).
-He oído que la comida de Afrodita consistía exclusivamente en ostras; no sé si
habrá bebido algo similar al champán, que no se había inventado ni para los
dioses- (Las Tres Gracias… Una celebración a la mujer).
Y bajo el signo doble, perturbador, inteligente y misterioso de los gemelos,
Isadora nació el 27 de mayo de 1878.
Escribe Alberto Savinio que Isadora creía en la astrología celestial, y que
estaba segura de que los dioses la favorecerían, cuando ya todas las divinidades
habían muerto –a pesar de que Wagner hubiera intentado su rescate (Astrología).
Aunque ella llegó un poco tarde al siglo XIX, todavía faltaban unos años para
el cambio de centuria y para el cambio de ciertas nociones “incuestionables” del
arte que ayudó a modificar…
…del arte de la danza y la “belleza” de los decorados, en su caso específico.
(Continúe leyendo este artículo y deje su opinión en nuestro Blog: "La
divina primera persona")
Por Mora Torres.
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