| Tres reyes mandan en el póquer - Newsletter #376 |
Tres reyes mandan en el póquer - Editorial
No sé nada de póquer; tampoco sé jugar al truco; el título de esta nota fue
extraído de la frase “Tres reyes mandan en el póquer y no significan nada en el
truco”, para mí una de las más brillantemente resumidas alocuciones de Jorge Luis
Borges.
Creo que el autor se refiere así específicamente a lo gratuito de la injuria,
ya que, en efecto, el que agrede, en general, habla un lenguaje diferente al de
su agredido; juega al truco con las cartas del póquer, o viceversa (El juego
online: entre el ocio y el negocio).
El truco, para quienes acaso no lo conocen, es un juego de naipes de origen
argentino, se juega con la baraja española (Inmigración a la Argentina
1830-1950)
Desde las tierras de los hombres antiguos
En las magníficas tierras de los hombres antiguos se reía con ferocidad (El
hombre y el Universo).
El tiempo fue refinando las costumbres y la risa (y la burla) pasó a la
literatura, a lo escrito, donde se convirtió en un torneo de habilidades tan
cruel como los antiguos juegos de la guerra (Didáctica lúdica: jugando también
se aprende).
Así Quevedo (La Ilusión. Su relación con sueño y proyecto de vida), dice -y
describe para siempre, de un modo que ya no podrá ser superado, a un narigón:
“Érase un hombre a una nariz pegado…”
y todo lo que sigue en el soneto, por ejemplo la segunda frase: “Érase una
nariz superlativa”, podría considerarse “predicado”, siendo el sujeto de tan
eximia mofa sólo el “hombre a una nariz pegado”.
Maestro superado
Pero dejémonos de narigones que sólo por la gloria de los ingenios de Quevedo
los menciono: mis más caros amigos tienen una enorme entrada al rostro que es su
noble nariz, una puerta grande y bien labrada, como cualquier palacio (Arquitectura de Mesopotamia).
Dejemos a Quevedo, el enjuiciador de tantas formas, formalidades y narices para
pasar a quien considero su heredero legítimo –aunque quizá superador- y que
nombré al comenzar (no repliquen que no lo es, a menos que lo hagan con mucha gracia y
donosura), Jorge Luis Borges, que dice en “Arte de injuriar” que al estudiar en
profundidad los géneros literarios, se convenció de que “la vituperación y la
burla valdrían necesariamente algo más”:
“El agresor (me dije) sabe que el agredido será él, y que cualquier palabra que
pronuncie podrá ser invocada en su contra… Ese temor lo obligará a especiales
desvelos”.
(Continúe leyendo este artículo y deje su opinión en nuestro Blog: "Tres
reyes mandan en el poquer").
Por Mora Torres
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