| Perdón por la poesía - Newsletter #371 |
Perdón por la poesía - Editorial
Perdón por la poesía
Quiero pedir perdón, o dar excusas para después seguir pecando... (Sentido del
mal y del pecado).
La idea de estos editoriales, con sus entradas en el blog, no nació para hacer
de la poesía una fiesta, una bacanal o un banquete (Ernest Hemingway y la
generación perdida: un ensayo sobre “París era una fiesta”).
Nació para hablar de diferentes temas científicos y humanísticos, presentar a
nuestros autores y recorrer sus trabajos aparecidos en Monografias.com antes de
que ustedes los escogieran, o instándolos a escogerlos (Cómo escribir y publicar
trabajos científico y Anatomía de un escrito).
Pero ocurren dos cosas:
1. Estoy advirtiendo que todo, de una u otra forma, desemboca en ella, en la
poesía
(como los ríos de la vida en el mar de la muerte, en el verso de Jorge
Manrique).
2. Ustedes me conducen a ese lugar sagrado (Giza, en Egipto; rostro humano
enorme en foto aérea).
Lo segundo es todavía más comprobable que lo primero, mis lectores amigos
alimentan el “vicio” por la poesía, hasta me instan a que lo continúe.
Alguien pidió que desentrañara los laberintos de El ajedrez, de Borges; otras
personas, que hable de Darío.
Hubo hace un tiempo un maravillado por una transcripción de un poema de Octavio
Paz; hay reiterados fervores por los poetas chinos de los cuales copié
fragmentos.
Muchos mencionan a Bécquer o a Neruda, u otros me hacen hablar de la belleza –y
yo, con escaso conocimiento de causa, hablo -y hablo, y hablo (Lo siniestro en
las Leyendas de Bécquer: La ajorca de oro).
Sigamos entonces con lo mismo, cultivando nuestra huerta de versos e
incorporándole de cuando en cuando conocimientos científicos, antropológicos,
matemáticos, porque, como ya dije, todo, hasta el álgebra, conduce a la poesía -y
me atrevería a arriesgar que aun más los números, ya que ellos nos llevan directo
hacia la música, y de allí sí que volamos hacia las palabras sublimes (Origen de
los números).
Los lectores que esperan algo “más serio” o “más técnico”, que no lo esperen
porque no lo hallarán, pero hablaré de todo un poco hasta el fin de esta tarea
que me encargaron en Monografías, siempre mechándola con versos, o citas de
filósofos y pensadores, o los propios envíos de los “comentaristas”, o hasta,
como ya saben, anécdotas de mi cotidianidad personal, porque no creo en la
“teoría del distanciamiento” -perdón, Brecht, pero nunca acá (Brecht y la
Verdad...) -
sino en reunirnos en nuestras historias individuales y saber así que somos de
carne y hueso humanos.
Lo último –lo de “carne y hueso humanos”- lo escribí porque recibí un extraño
(más extraño que cualquiera de mis bizarros escritos) comentario de un lector
llamado Camilo Andrés. Transcribo una parte: “Espero no seas en realidad una
computadora... En esta época hay cosas que asustan a mi alma, y pensar que una
máquina llegase a pensar de esa manera sí me asustaría”.
Mis regalos
Hoy quiero empezar a devolver ofrendas, quiero hacerles pequeños regalos
“personalizados”.
Y justamente porque tantos de ustedes me inducen, alimentan, sugestionan y
hechizan con las “cuestiones poéticas”, empezaré por ellas mis obsequios
–pequeños trozos de poesía, no ninguna otra cosa-, dedicados a quienes los
pidieron o a quienes participan “poética o filosóficamente” desde distintos
países que, junto con el mío, constituyen lo que Rubén Darío llamaba “la América
que aún habla en español”.
Por supuesto que la lista que sigue continuará en próximas entregas.
Una lista de nombres y de versos
Como preludio del listado de países con algunos de sus poetas –hoy comenzaré
con Bolivia-, transcribo este verso, precolombino y anónimo, escrito en una de
las que se llamaron Casas del Canto, donde la poesía era danzada o cantada;
Miguel Ángel Asturias lo recogió en su “Antología de Poesía Precolombina”:
Todo esto pasó con nosotros
Todo esto pasó con nosotros. Nosotros lo vimos,
nosotros lo admiramos.
Con suerte lamentosa nos vimos angustiados.
En los caminos yacen dardos rotos,
los cabellos están esparcidos.
Destechadas están las casas,
enrojecidos tienen sus muros.
Gusanos pululan por calles y plazas
y en las paredes están salpicados los huesos.
Rojas están las aguas, están como teñidas
y cuando las bebimos, fue como si hubiéramos bebido agua de salitre.
Golpeábamos, en tanto, los muros de adobe,
y era nuestra herencia una red de agujeros.
En los escudos fue su resguardo:
¡pero ni con escudos puede ser sostenida su soledad!
Hemos comido palos de eritrina,
hemos masticado grama salitrosa,
piedras de adobe, ratones, tierra en polvo, gusanos.
Todo esto pasó con nosotros.
(Continue leyendo este artículo y deje su comentario en nuestro Blog: "Perdón por la poesía").
Por Mora Torres
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